| Luces y sombras frente a la violencia machista |
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| Written by Manu Mediavilla | |||
| Friday, 01 January 2010 22:15 | |||
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Madrid, 01 de enero de 2010 Agencia Colpisa - Grupo Vocento
Los 55 asesinatos machistas de 2009 (21 menos que en 2008) señalan el primer descenso en cuatro años de las víctimas mortales de esa lacra social (57 en 2005, 68 en 2006, 71 en 2007, 76 en 2008) y rebajan su trágico balance anual al nivel de 2005, cuando empezó a aplicarse la Ley Integral contra la Violencia de Género. Una norma aprobada por unanimidad en el Parlamento y que mayoritariamente despertó grandes esperanzas, pero también recelos en algunos colectivos que se muestran muy activos contra la que llaman “ideología de género”. Esta militancia, en la que no faltan insultos descalificadores como “feminazis” dirigidos al movimiento por la igualdad, tiene en las supuestas denuncias falsas por maltrato un argumento recurrente contra la Ley Integral. Y más cuando, como hace unos días el juez de familia sevillano Francisco Serrano o antes la magistrada barcelonesa María Sanahuja, surgen voces del ámbito jurídico que asumen en mayor o menor medida tales acusaciones. Esta vez, la enésima polémica sobre la cuestión –los desmentidos han sido rotundos tanto desde el feminismo como en medios políticos y judiciales-- ha restado atención al esperanzador descenso de asesinatos machistas en 2009. Y, de rebote, ha distorsionado el debate sobre los retos pendientes en la lucha contra la violencia de género y sobre los aspectos y recursos mejorables de la ley, como la insuficiencia de Unidades de Valoración Integral, los fallos en la protección de las víctimas o la necesidad de formación en género de todos los operadores jurídicos. Tolerancia social Entretanto, quedan desafíos como la insuficiente conciencia social sobre el maltrato, que provoca en la ciudadanía más horror que movilización y compromiso cívicos. Como apunta la Unidad de Investigación “Familia e Intervención Social” que dirige en la Universidad de Valencia el catedrático de Psicología Social Enrique Gracia, entre un 11% y un 19% de personas conoce a alguna maltratada en su entorno laboral, estudiantil, vecinal o amistoso. Pero todavía les cuesta tomar la iniciativa de denunciar, y las protestas por los asesinatos machistas aún reúnen a poca gente. Aunque ya se vislumbra una mayor implicación ciudadana tras las campañas de concienciación para que nadie mire para otro lado: el habitual 18,6% de llamadas de familiares o amistades al teléfono de atención 016 se estiró en noviembre hasta el 27,1%. Y quedan retos paralelos como la persistente tolerancia social a los malos tratos, enraizada en un mundo adulto que apenas tuvo acceso a la educación igualitaria, pero también en ámbitos juveniles que sí lo han tenido pero protagonizan ahora un paradójico “revival del machismo”. El reciente Foro Internacional “Juventud y Violencia de Género” dejó datos tan inquietantes como el 15% de jóvenes que “justifican de alguna manera” esa lacra o como el 17,2% de chicas y 39,5% de chicos que no rechazan de plano (otro 4,5% y 17,7% se muestran de acuerdo) la afirmación de que “el hombre que parece agresivo es más atractivo”. Posmachismo Viejos y nuevos desafíos en un complejo contexto social donde conviven la “desigualdad aprendida” durante generaciones y el “posmachismo” que, como alerta el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, moderniza y adapta su discurso a los nuevos tiempos igualitarios, pero sin ningún interés en renunciar al predominio masculino ni a sus privilegios. De hecho, remarca, esa corriente “reviste intelectualmente su rechazo a la igualdad” al presentar los avances femeninos como una crítica a los hombres en general y como un intento de desplazarlos. En esa visión parcial e interesada del mundo no tienen encaje las claves que ayudan a conocer y combatir la violencia machista. Empezando por la vulnerabilidad de muchas mujeres, que no es solo económica y social, sino también emocional, lo que explica el 5-10% de víctimas con buena formación académica y cualificación profesional. Y acabando por los mecanismos de dominación masculina, que con frecuencia son tan progresivos y sutiles que, como señala el psicólogo clínico vasco Enrique Echeburúa, en más de la mitad de los casos denunciados, “el maltrato se mantiene desde hace más de 10 años”.
A vueltas con las denuncias falsas Como sucede en otros delitos, nadie duda --y así lo atestiguan profesionales de la abogacía que conocen casos de primera mano-- de que haya denuncias falsas en violencia de género. Pero los pocos datos disponibles las sitúan en un nivel casi anecdótico, muy lejos de la gran magnitud pretendida por los grupos más radicalmente antifeministas. Por un lado, no hay condenas a mujeres por tal motivo, y los procedimientos incoados al respecto apenas ronda la veintena anual, cuando se presentan más de 125.000 denuncias por malos tratos. Por otro, un reciente estudio de especialistas del Consejo General del Poder Judicial sobre 530 sentencias de Audiencias Provinciales encontró un único caso (0,19% del total) que podría encuadrarse en tal categoría. De ahí su conclusión de que las acusaciones sobre denuncias falsas “carecen del más mínimo fundamento”, tanto en su “pretendida generalización” (…) “como, incluso, en cuanto supuesto dotado de una mínima relevancia singularizada”. En respuesta al juez Serrano, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, Inmaculada Montalbán, recalcó que “las acusaciones o denuncias falsas por violencia de género no son más frecuentes que en otros delitos”. En un Seminario organizado por Mujeres para el Diálogo y la Educación en 2008, la vicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, Amalia Fernández Doyagüe, había apuntado que en ese ámbito “no llegan al 4%”, mientras “rondan el 9% en todos los delitos”.
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